El Gobierno de España presenta el Plan de Formación ante Emergencias de Protección Civil en centros educativos, que se extenderá a 25.000 centros y 8 millones de estudiantes.
Durante los terremotos de Lorca en mayo de 2011, y más recientemente con las inundaciones provocadas por una DANA en Valencia en octubre de 2024, pudimos comprobar la necesidad urgente de contar con conocimientos básicos de Protección Civil: entender por qué ocurren los desastres y cómo afrontarlos para reducir su impacto.
En Lorca tuve la oportunidad de coordinar y desarrollar un plan de formación y concienciación sísmica, cuyo objetivo era sensibilizar sobre las consecuencias de los terremotos y proporcionar a profesores y alumnos herramientas prácticas para saber cómo actuar en esos momentos críticos.
Para mí, este nuevo plan nacional de formación en emergencias refuerza tres pilares clave de la Protección Civil:
- Prevención y cultura de seguridad y autoprotección: Que cada estudiante —y por extensión cada ciudadano— esté formado en cómo actuar ante emergencias es de gran valor. Así, cuando se produce una crisis, la respuesta es más rápida, organizada y con menos consecuencias negativas.
- Reducción de vulnerabilidades: Hemos visto las pérdidas humanas y materiales causadas por terremotos, inundaciones, incendios forestales y otros desastres. Formar a la población escolar reduce la probabilidad de que se produzcan estos daños y, en consecuencia, disminuye la vulnerabilidad de la sociedad en su conjunto.
- Fortalecimiento de la capacidad institucional de respuesta: La implicación de los distintos niveles de gobierno —nacional, autonómico y local— es esencial. La Protección Civil funciona mejor cuando todos los actores conocen sus roles y están debidamente coordinados.
Por supuesto, un plan bien diseñado no garantiza automáticamente el éxito. Hay que afrontar varios desafíos:
- Formación adecuada del profesorado: No basta con añadir nuevos contenidos; los docentes necesitan capacitación específica, materiales, simulacros y recursos educativos fiables.
- Inversión suficiente: Preparar adecuadamente a 25.000 centros requiere recursos: tiempo en los currículos, equipamiento, protocolos y mantenimiento.
- Coordinación con los servicios locales de Protección Civil: Los servicios de emergencias, autoridades locales y regionales deben integrarse y estar al tanto de lo que se implementa en los centros para poder dar apoyo. Esto exige también mayor inversión en los servicios municipales de Protección Civil, que a día de hoy siguen estando infrafinanciados.
- Actualización periódica: Los riesgos evolucionan —climáticos, demográficos, tecnológicos—, por lo que los planes y prácticas deben revisarse, evaluarse y mejorarse de manera continua.
En definitiva, el Plan de Formación en Emergencias es un paso muy positivo. Su carácter obligatorio, su amplio alcance (millones de estudiantes) y su integración en el Pacto por la Emergencia Climática lo convierten en una medida clave para que España avance en resiliencia, seguridad y ciudadanía responsable.
Aplaudo esta iniciativa —y espero sinceramente que venga acompañada de los recursos necesarios para que no se quede solo en una declaración de buenas intenciones, sino que se convierta en una realidad tangible en cada colegio e instituto.


